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Tomás Cacheiro

Ceramista Treintaitresino

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"Con solo decir Cacheiro"

 
     
 

" La  mayoría de nosotros somos uno o dos nombres y otros tantos apellidos.., también podemos agregar que, como decía el filósofo español, “todos somos nosotros y nuestras circunstancias” .Cacheiro, es eso.. no es necesario decir que es olimareño, que ha vivido acá y en otro lugares y que vuelve acá. Quizás para algún despistado habrá que repetirle, es un notable plástico. Basta con su nombre, no importa que se llame Tomás o que sus apellidos sean Cacheiro Sánchez.

 

 Para todos es el hombre dedicado a todas las expresiones del arte. Hace 50 años, casi nada! (medio siglo), vimos una de sus muestras en Melo.

 

Eran trabajos en madera. Llenos de sugerencias y de formas imprevistas. También, algún trabajo en pintura. Junto a eso, su docencia en el Liceo de Treinta y Tres. Alguna muestra acá y también en otros centros. Muy firme en su línea creativa, habiendo sentido el influjo, ¿quién no lo sintió?, del Taller Torres  Sobre todo en lo que éste tenía de creacionismo, más que de formas y colores. Era el mundo que está dentro de la forma lo que, sin dudas, más lo sedujo.

 

 Un buen día continúa la línea de la cerámica. Dentro de ésta, con varias direcciones: una, despojada, casi geométrica, otra, basada en los elementos de la naturaleza, sus materiales, incluso el barro del Cebollatí y , finalmente (nos parece) otra, que logra por el fuego, sugerencias que no estaban el éste  sino en la materia, en el ojo del creador.

 

 Además Cacheiro fue, y es, un docente, por sobre todo, por lo que le brinda y por lo que hace.

 

Cine-club fue su hijo predilecto, había que verlo realizando todo, poco faltaba para que llevara la gente, que metiera dentro de esas cabezas, el misterio de la imagen encerrada mejor, dentro de los escasos milímetros  de la cinta. En esos momentos no hacía ni admitía concesiones, era el buen cine y nada más, cine, sea europeo  o asiático, norteamericanos o de lengua española. Solo quedaba fuera el mal cine, por decirlo con sus conceptos, el comercial.

 

Tal vez se hizo, en esto y tantas cosas, una ruta en la estética. Por ello y como siempre, Cacheiro estaba acá, para discrepar o acompañar, vaya a saber cuándo y cómo, pero como una presencia cada día mal real.

 

 Tres ángulos de su personalidad: uno es el docente, no sólo en sus clases de dibujo y en actitud de compromiso que significaba dar todos los misterios de la creación artística a los futuros arquitectos en los preparatorios de esa carrera, a la vez arte y ciencia, sin dejar por eso de ser alta tecnología. Pero, junto al docente, que siempre permanece, está el solitario de Averías, junto al silencio del monte, al río que corre, a las arenas siempre cambiantes e iguales, solo, pero acompañado a la vez; está la familia, están los amigos que llegan o pasan, y está la cerámica y la composición, que busca en la tierra, las piedras modeladas por las aguas, las ramas multiformes o las caparazones de moluscos, en fin, la naturaleza y la vida, la roca y el canto, la tierra y el fuego, se unen para darle forma a su creación.

 

Y la faceta final,  tal vez  la más importante, la del hombre que, en el silencio, encuentra la amistad y descubre que la creación, es algo interior, y las formas materiales, lo que logran es, simplemente, hacerlo aflorar. Porque si el Arte vale, el hombre, y más aún el creador, siempre representan mucho, pero mucho más. Estas palabras que él llegó a leer lo hacen a uno sentirlo vivo, aunque no está físicamente ahora. "

 

Fuente: Revista conmemorativa de los 150 años de Treinta y Tres, publicada por la Intendencia Municipal de Treinta y Tres –Editor Esc. Pedro Méndez Vallony - Artículo "Con solo decir Cacheiro"

 

 

 
     
     
 

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