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Lucas Urrutia

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Lucas Urrutia

 
       
 

DICE HOMERO MACEDO en su libro Treinta y Tres y su Historia, página 94, a propósito de:
 
Lucas Urrutia

Nació en España el 13 de Setiembre de 1838:
En su testamento, otorgado el 7 de setiembre de 1894, en Montevideo, ante el Escribano Luis G. Cardozo y los testigos Juan José Amézaga y León Lebrus, en el numeral 2º), declara: ser hijo legítimo de José Antonio de Urrutia y de Ramona Elorriaga; nacido y bautizado en Villa de Hungría de la Provincia de Vizcaya en el Reino de España, el 13 de setiembre de 1838.

Llegó al Uruguay el 1º de Setiembre de 1855 , año en que se estaban haciendo las primeras casas en el pueblo y contrajo matrimonio en Villa Treinta y Tres, con Hilaria Goyeneche :


En el numeral 3º): que llegó a este país el 1º de Setiembre de 1855, en el bergantín “Amistad” y que contrajo matrimonio con Hilaria Goyeneche el 29 de Agosto de 1863, en Villa de Treinta y Tres; que tuvieron una hija llamada Adelina, el 6 de Octubre de 1864, que falleció cuando tenía 4 años; que su esposa no tuvo más familia. Declara, que al casarse ni después, su esposa no aportó capital al matrimonio, “sino sus virtudes poco comunes que las aprecio más que todos los bienes terrenales”. En cuanto a él que, al contraer enlace, dice: “El capital que yo poseía no bajaba de quince mil quinientos pesos, que consistía en una finca en la manzana número ciento diez y siete de la Villa de Treinta y Tres, parte de la que vendí a Juan Hontou y que en el resto aún vivimos”. Declara “haber poseído otra finca en la manzana número sesenta y uno de la misma Villa que vendió a José Arrizabalaga y a Ignacio López; así como cuatro acciones en la Sociedad Fundadora del Pueblo de Treinta y Tres, que compró a Juan P. Ramírez, Antonio José Castro y Manuel Da Costa y además “su crédito y efectos de comercio que giraba en la propia casa de la manzana número sesenta y uno y de todo lo cual tiene conocimiento mi esposa para que se tenga esa suma de quince mil quinientos pesos como capital mío al tiempo de la liquidación de la testamentería”.
Anotaba todos sus negocios en un diario:


El numeral 5º) Dice: “Declaro que un libro de pasta de cuero amarillo, denominado Diario, es donde formulo los inventarios y donde constan los bienes, créditos activos y pasivos, derechos y acciones que nos pertenecen. Allí apunto con toda prolijidad mis operaciones, excusan mis herederos de andar buscando otros bienes, ni dineros ni créditos. Las cuentas de la Estancia, de la Escribanía y de los terrenos que poseo en el referido Pueblo de Treinta y Tres, tienen libros separados y se estará a lo que en ellos conste”

Hace un testamento y deja herederos a su hermana y sobrina y a las personas que residan en su casa el día de su fallecimiento
En siguiente numeral un legado para una hermana residente en España e hija de la misma que reside acá, en casa del legatario.


En el 7º) Dice: “A cada una de las personas que residan en mi casa el día de mi fallecimiento ya como sirvientes o agregados, les lego una solar en el Pueblo de Treinta y Tres, donde les designe mi esposa y a falta de ésta mis herederos.”


Entre la nominación de herederos y algún otro legado, en el numeral 12º) expresa el deseo de que un sobrino político que reside en su casa, y es un niño aún, haga una carrera científica, para lo cual instituye que sus herederos deben aportarle en metálico, mensualmente, para pagar sus estudios, la cantidad mínima de $ 50 y/o máxima de $ 60. Encomienda a un profesional universitario, de quien dice “cuya carrera yo he costeado”, la misión de que “exija de los herederos los recursos precisos” y “se empeñe en que el pupilo tenga una buena carrera”. El beneficiario de este legado, fue un distinguido médico y un hombre de una cultura e inteligencia ponderables, muerto trágicamente, siendo todavía muy joven.
Urrutia vino a Treinta y Tres, en 1855, año en que se edificaban las primeras casas del pueblo.

¿Cómo era Urrutia?
Era un adolescente vivaz, de 17 años.

Sus actividades :
Inicia su vida acá como dependiente de comercio. De simple dependiente, pasará a ser tenedor de libros y luego comerciante en la manzana No. 61 del pueblo.
Años después se ausenta, temporalmente, para Montevideo, a seguir estudios para obtener título de Escribano Público. El 8 de agosto de 1866, recibe su diploma de Escribano y no tarda en retornar a la costa de Olimar.
Durante su permanencia en la Capital, continúa vinculado al comercio, a través de sus trabajos de tenedor de libros, en varias casas del ramo.

Establece una línea de diligencias que une la Capital con el pueblo olimareño.
Antes de volverse, considerando las dificultades de los largos viajes a caballo o en carretas, en el trayecto de 62 leguas que separaban a Montevideo y Treinta y Tres, se apersona al gerente de la empresa “Las Mensajerías Orientales” y le plantea la conveniencia de establecer una línea de diligencias que uniera la Capital con el pueblo olimareño. Se le objetó el desconocimiento de persona a quien confiar la agencia en este pueblo. Urrutia, se ofreció para asumir la representación de la línea a inaugurar, lo que fue aceptado. Volvió, pues, investido de su título de escribano y con la agencia de Las Mensajerías Orientales dos actividades de buenas perspectivas para su espíritu emprendedor.
A poco de estar nuevamente en el medio, su dinamismo, hábilmente conducido, se manifiesta en acción provechosa.

Era el propietario de cuatro acciones de la Sociedad Fundadora e integra su Directorio
Era un progresista, que todo lo quería hacer y en todo quería estar. Propietario de cuatro acciones de la Sociedad Fundadora, integra su Directorio, ocupando el cargo de Srio. Gerente, de funciones claves en la marcha de la Empresa, desde fines de 1866, hasta la disolución de la Sociedad.

En 1868 se le designa Secretario de la Junta Auxiliar
En 1868, se le designa, además, Secretario de la Junta Auxiliar.
En la Sociedad Fundadora, como en el organismo municipal, su presencia impone organización y ejecutividad en las tareas de las Comisiones. Su espíritu pragmático se refleja en iniciativas, que se concretaron en realizaciones o que se proyectaron hacia el futuro de la localidad. De estas últimas anotaremos algunas:

Proyectos que presentó:
En 1868, presenta a la Junta un proyecto de construcción de un puente en el Paso de Olimar.
En 1872, en informe que redactara como Srio. del mismo organismo, llega a decir” que esta localidad se basta a sí misma para sostenerse como departamento” y plantea la necesidad de ordenamiento de las jurisdicciones administrativas de la zona, en términos evidentemente precursores de las gestiones posteriores que dieron nacimiento, en 1884, al Dpto. de Treinta y Tres.
En otros, fue suyo el proyecto, no sancionado, considerado en la Junta Auxiliar, de la creación de una Policía Municipal, sustitutiva Policía Militar, que tan serios reparos merecía, singularmente por la extracción de sus integrantes en los niveles inferiores de la jerarquía.
Tanto en la Sociedad Fundadora como en la Junta Auxiliar, fue un ordenador, de la función administrativa, con claro sentido de hombre de empresa y dirección. Que esto sólo no es suficiente para ser un dirigente social o gobernante, no nos cabe duda. Pero sin esto, tampoco se puede o debe actuar, en ciertas funciones de la vida pública.
            La primera estadística levantada con datos de la población; sus nacionalidades; sus oficios; número de alfabetos y analfabetos; fue hechura suya. Los reglamentos –entre otros- de Cementerios; de uso de bosques, tierras y arena del Ejido, son otras prioridades administrativas, de su hechura.

Surgimiento de dos bandos en Treinta y Tres: urrutista y antiurrutista
Una fuerte individualidad, de múltiple actividad, de una tenaz tozudez, en los distintos órdenes de su accionar, perfilaban su personalidad.
Esto provocaría reacciones adversas a él y a sus actos, y derivarían en situaciones conflictivas y choques de personas e intereses.
De acá el surgimiento de los bandos: urrutista y antiurrutista, del Treinta y Tres primitivo, que encendieron luchas, pleitos, acusaciones, agravios y hasta derramamiento de sangre, en las tres primeras décadas del pueblo.
Recordamos siempre las expresiones de un viejo vecino –por su edad, contemporáneo de mis abuelos –fallecido con casi 90 años, con plena lucidez, a quien interrogamos sobre cosas y hombres de nuestro pueblo: una de sus respuestas fue: “Amigo Macedo, en la época de Urrutia, la gente del pueblo era urrutista o antiurrutista, que, tratándose de asuntos locales, había colorados y blancos urrutistas y colorados y blancos antiurritistas.”
Nuestro amigo, viejo lugareño, era de familia antiurrutista; como era colorado, dirigente y oficial de milicias en las patriadas.
Luego le preguntamos sobre la explicación que él daba de amistades muy francas e íntimas, que habíamos oído y conocido alguna, entre blancos y colorados, activos militantes, también de los que “habían ido a las cuchillas”. Inclusive de su propia amistad afectuosa con un pariente nuestro, dirigente blanco y guerrero. La contestación fue: “Es que en este pueblo nuestro, durante muchos años, la gente decente, colorada o blanca, se respetaba y éramos amigos. Con los que no se transigía era con los bandidos, con los bandidos”.
Terminamos esta reseña de la vida y acción de uno de los hombres que importa en la Historia de Treinta y Tres, desde que se levantaran las primeras casas hasta las postrimerías del siglo XIX, con una cita que consideramos acertada: “A la historia no le corresponde utilizar los hechos en su singularidad porque no aportan al problema general de la cultura nada más que intereses forzados al enfoque que cada historiador quiere imprimirle” “Las líneas generales, las aspiraciones positivas y permanentes, superadas o no, son la materia de su observación”. (Arbelio Ramírez y Carlos Rincón, en “Significación de dos fechas” -10 de marzo de 1853-Noviembre 1855)

 
     
     
       

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